Sus Capillas
ALTARES MAYORES, CAPILLAS Y EL VALOR DE LA INCLUSIÓN COLONIAL
Capilla del Santísimo Sacramento y el Tabernáculo de Plata (1804)
Ubicada en el extremo de la nave lateral derecha, en el rincón más recoleto del templo, funciona arquitectónicamente como un templo dentro del templo. Alberga una de las joyas de orfebrería más valiosas de Sudamérica: el Tabernáculo de plata labrada de 1804, confeccionado con metal extraído de las minas del Alto Perú. Las actas de fábrica de la época revelan un hito de inclusión social: la pieza fue diseñada por el maestro Manuel Garay y ejecutada por el platero Cayetano Álvarez, ambos registrados explícitamente en los libros coloniales como miembros de la comunidad de "los pardos" (población afrodescendiente).
Para financiar los kilos de plata necesarios, la Iglesia organizó un concurso de donaciones entre las parroquias de la provincia: el templo que más metal aportara recibiría a cambio el antiguo retablo jesuítico de cedro tallado, de factura altoperuana y de fines del siglo XVII, que la Catedral iba a retirar de ese sector. El premio lo ganó la Villa Histórica de Tulumba. El retablo estuvo primero en su humilde iglesia, hoy en ruinas, y actualmente se puede admirar y venerar en el Templo Parroquial de Nuestra Señora del Rosario, Santuario Mariano desde 1988, cuya piedra fundamental fue bendecida por el Obispo Esquiú el 15 de febrero de 1882.
La capilla conserva además un Sagrario de mármol, dos lámparas votivas y dos cuadros de gran tamaño, copias de "Jesús en el Huerto de los Olivos" y "La Agonía de San Jerónimo".
La Capilla Penitencial, la Cripta de los Obispos y la Virgen Fundadora
Detrás de la Capilla del Santísimo se encuentra la Capilla Penitencial y, debajo de ella, la Cripta Sepulcral donde descansan los restos de los prelados de la diócesis. En este recinto están grabados en mármol blanco los nombres de todos los obispos y arzobispos de Córdoba, la fecha de su fallecimiento y el lugar donde esperan la Gloria de la Resurrección.
En un nicho elevado se preserva la reliquia histórica más antigua de la provincia: "La Virgen Fundadora" (Nuestra Señora de la Asunción), la pequeña imagen que Jerónimo Luis de Cabrera trajo consigo al fundar la ciudad, el 6 de julio de 1573. Según la tradición, quedó en manos de uno de los primeros vecinos y se transmitió por línea de varonía. Al morir el último de ellos, Pedro Salas Griera, su esposa, Dalinda W. de Salas Griera, la entregó al Arzobispado. El Cardenal Primatesta obsequió a la imagen una cruz pectoral con cadena.
Capilla de Nuestra Señora de Nieva (La Soterraña)
Situada en la nave lateral izquierda, resguarda una histórica imagen traída desde España en 1794 gracias al financiamiento de los hermanos Ambrosio y Gregorio Funes.
Su origen es fascinante. El 9 de febrero de ese año, Andrés Bartolomé Pérez, en nombre del obispo de Córdoba, Ángel Mariano Moscoso, presentó al prior del Convento de Santa María la Real de Nieva, fray Melchor de Santo Tomás o.p., una talla de Nuestra Señora de Nieva con el Niño Jesús, de una vara de alto, con capa pluvial de fondo azul y ornamentación de varios colores, ejecutada por un santero de Madrid como fiel copia de la imagen venerada en ese convento dominico. La imagen llegó a Córdoba en diciembre de 1794: fue esperada en el Calicanto y llevada en procesión hasta la Catedral.
La escultura posee un valor internacional excepcional: la imagen original de Segovia, en la que esta pieza fue "tocada" para certificar su fidelidad litúrgica, se destruyó por completo en un incendio el 8 de junio de 1900. Por eso, la talla que se resguarda en Córdoba es una de las poquísimas copias fieles coloniales que sobreviven en el mundo.
En vísperas de la Navidad de 1795, Pedro Lucas de Allende pidió que Nuestra Señora de Nieva fuera designada Patrona y Protectora de Córdoba en las tempestades. El Cabildo aceptó el 27 de diciembre, con el parecer favorable del Obispo, pero el Gobernador Intendente Sobremonte se oponía. El Pbro. Dr. Miguel Calixto del Corro, destacada figura de la Universidad y de la Iglesia y uno de los diputados de Córdoba en el Congreso de Tucumán de 1816, contaba que la negativa del Gobernador se superó cuando una violenta tormenta descargó un rayo sobre su casa y solo destruyó un reloj.
El bellísimo retablo que la enmarca es obra del maestro Manuel Garay, quien dirigió al carpintero Inocencio en su construcción; los dos angelitos del ático son de un escultor anónimo. Está integrado por pilares y columnas corintias que cierran un espacio coronado por una cúpula interna. Retablo e imagen fueron bendecidos por el obispo Moscoso el 19 de octubre de 1797, quien dispuso que la fiesta litúrgica de Nuestra Señora de la Soterraña de Nieva se celebrara el segundo domingo de noviembre.
Completan la capilla cuatro grandes cuadros, encargados por el obispo Moscoso a la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando de Madrid, que narran la devoción a la Virgen de Nieva: "La Virgen se aparece al pastor Pedro Amador"; "El Obispo de Segovia saca del pizarral de Santa María (9 de septiembre de 1392) la imagen escondida en el 714 para salvarla de los invasores"; "Un labrador se libra de la muerte por invocar a Nuestra Señora de Nieva" y "Defendido por el escapulario de la Virgen, un campesino resulta ileso al caer un rayo".
En el muro sur de esta capilla descansan los restos del Beato Fray Mamerto Esquiú o.f.m., hombre de dos mundos: benemérito de la Patria, prócer argentino y llamado el "Orador de la Constitución"; y benemérito de la Iglesia por sus virtudes heroicas, beatificado en 2021.
Los demás retablos de las capillas, de madera dorada a la hoja, varían según su ubicación y la época de su construcción. En su decoración predominan el ocre, el oro, el azul y el granate.
